La gracia del recuerdo inunda mi mente
bajo el silencio de su ausencia.
Observo el rastro de su figura,
enaltecida por la sinuosidad de sus formas,
fluyendo en el encanto de sutiles movimientos
y en el eco de su voz agitada.
Aquella tarde de luna despejada
se tornó en confidencia y timidez.
Pero el apasionamiento brota ante la evidencia:
lo más leve se transforma
en el recorrio de la piel húmeda,
en el embriagador vaivén del deseo.
Inifinitas sensaciones donde la noche,
hecha de historias y paisajes inexplorados,
llenó de sentido a un alma taciturna;
un espíritu que halló su reflejo
en el brillo extasiado de su mirada.
Hay brillo en sus labios,
transparencia en su sentir,
ansia en el rastro de sus ojos.
Caricias que rozan, con ese sutil dolor
que provocan los cuerpos en movimiento
Cada gesto de su boca,
en cada palabra gemida,
colmaba el anhelo que sólo mi ser conocía:
lo que el deseo dictaba en sus ojos,
era la plenitud de su presencia.
Ahora, la nitidez de ese recuerdo,
será el fuego que consuma mis sueños,
en esta breve noche.


Deja un comentario