De la serie: Diálogos sobre la existencia. Capítulo III.

Ana: Si lo bueno y lo malo existen sólo desde nuestras creencias. ¿Cómo saber cuándo lo estamos haciendo bien o mal? ¿Acaso no es necesario autoevaluarse? Pero entonces ¿bajo qué criterio?

Jerome: El problema es la moral de la cultura occidental: ver la realidad a través de una interpretación basada en la ignorancia. «La persona más sabia es una persona amoral», diría alguien que conocí hace poco. La persona amoral está más allá del bien y del mal. De lo que se trata es de cuestionar los pensamientos, pues ellos son los que alimentan el ego; es el pensamiento el que debemos poner en duda, no la realidad. La realidad es neutral. 

El criterio es, entonces, cuestionar lo que pensamos para transformar nuestra forma de ver lo que sucede. Mi meditación debe consistir en Aceptar, Observar, Cuestionar y Transformar el pensamiento. 

Toda enfermedad nace en la mente. Todo depende de la historia que me cuento, ya sea sobre lo que ocurrió hace quince años o lo que podría pasar en diez. Esa historia es una construcción personal del tiempo; vivir en ese mundo es habitar recuerdos y realidades inexistentes. La realidad, simplemente, es, (sin tus pensamientos). El poder de la mente para transformar lo que piensas es infinito: Cuando observo algo con intencióny noto sus cambios, descubro que puedo cambiar mi mente, me propongo generar esa transformación. 

Ana: Me pongo a pensar en todo eso. Me siento perdida y muy angustiada. ¿Por dónde empiezo?

Jerome: Te propongo un ejercicio. Siéntate en un lugar cómodo, sin distracciones, y observa qué pasa por tu mente. Cuando estés lista, respiras conscientemente y pregúntate: ¿Qué puedo hacer para transformarme? Y respóndete en consciencia y confianza:

  • Acepto el pensamiento. Los pensamientos viven en mí, existen en mi mente. No los evado y acepto esta conversación interna. Me acepto en este instante, acepto a los demás y acepto lo que cruza por mi cabeza. Lo que sucede no es siempre lo que queremos, pero suele ser lo que necesitamos.
  • Observo el pensamiento. Parto del principio de la neutralidad: nada es bueno ni malo. Observo las circunstancias sin discutir con la realidad. Esto no es resignación; es el inicio de un viaje. Abandono la idea de querer cambiar lo que sucede afuera y confío: La vida siempre me ofrece lo que necesito para crecer. 
  • Cuestiono el pensamiento. Llega a mi un pensamiento de juicio que me incomoda, -por ejemplo: «Mi mejor amiga, con su forma de pensar, me amarga la vida»-. Luego, me pregunto: ¿Es verdad eso que me estoy diciendo? ¿Puedo saber que es verdad con absoluta certeza? ¿Cómo me siento cuando me creo ese pensamiento? ¿Quién sería yo sin ese pensamiento? Ahora, escribo las respuestas a estas preguntas.

La realidad sigue siendo la misma. Sin el pensamiento, la realidad sólo «es». Las personas actúan como son: ¿Puedes controlar sus acciones? No. Sólo puedes observar su realidad con compasión y soltar. 

  • Transformo el pensamiento. Una vez identifico y cuestiono, invierto la idea: «Yo me amargo la vida al creerme pensamientos que no son reales». Elimino lo que no hace parte de la realidad, fluyo con mi respiración y recupero mi tranquilidad.

La ignorancia es desconocer las causas del sufrimiento. Cuando no indagamos, ni cuestionamos, simplemente recorremos caminos de dolor sin control. Cultivar la sabiduría no es otra cosa que indagar en esas causas, aceptándolas y transformándolas con desapego y amor. 

Ana: Creo que voy a enloquecer de tanta pregunta sin respuesta.

Jerome: Lo fundamental son las preguntas que te haces sobre tu vida. Pero cuidado, debes dirigirlas correctamente. No discutas con lo que sucede; enfoca tus preguntas hacia tu pensamiento. Las personas despiertas son proactivas frente a las ideas que les causan sufrimiento. 

Una práctica que ayuda a convertir las preguntas en respuestas es la meditación. En su expresión más básica meditar es discernir con atención para cultivar la presencia y el equilibrio. No medito para borrar pensamientos, sino para aclararlos. Al aceptarlos, observarlos, cuestionarlos y transformarlos, te das cuenta que no era la realidad la que te lastimaba, sino lo que tu pensabas sobre ella. 

Lo que resistes persiste. Y lo que aceptas se transforma. La verdad es aceptar la realidad tal cual es, independientemente del contexto. Y esa verdad es la que nos hace libres.


Sigue este diálogo en El engaño del ego y el arte de vivir, de la serie: Diálogos sobre la existencia. Explora los diálogos anteriores: Capítulo I. Más allá del bien y del mal y Capítulo II. Aceptar la realidad


Nota: Estas reflexiones son notas y pensamientos inspirados en enseñanzas del maestro budista Khenpo Tsering y del conferencista Borja Vilaseca.


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