Dicese del plato en cuya forma de servir se encuentra una parte de la gallina desmembrada que puede tener mayor o menor valor según su tamaño y volumen. En plato contiguo, en el líquido ciertamente espeso -conocido como «el caldo»- se evidencian ciertos rastros iridiscentes en sutil forma de burbuja, a causa de la grasa que navega sobre el agua salada.
Acompañan a la presa de gallina desmembrada, arroz amarillo (dada la sustancia usada para su cocción), y una porción de yuca y plátano; carbohidratos necesarios para reducir los efectos de la boca y labios grasosos luego de ingerir con cuidado, previo soplo, tan eficiente líquido ciertamente espeso. Agreguésele papa, mazorca y aguacate al acompañamiento, con el fin de no dejar espacio en blanco en el abultado plato.
Aunque debo decir que la magia de este plato se encuentra cuando se sirve al comensal la parte que llaman rabadilla, en cuyo interior afloran ciertas figuras ovaladas. En caso tal que a usted le corresponda esta presa, levante su mirada y observe a todos lados con elegancia y orgullo, porque es sujeto de pleno reconocimiento al ver la actitud de las personas que lo rodean: «¡El comensal ha sido premiado!».
En definitiva, es el almuerzo esperado para los más exigentes de la cocina criolla.


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