D.
¿Crees poder manejar esto? Me refiero a esta cuerda floja donde, por una parte, cuido tu amistad como un tesoro y, por otra, elijo tu compañía sin la necesidad de enmarcarla en una relación romántica tradicional.
He estado reflexionando sobre nosotros y quiero proponerte una idea, esperando quizás tu complemento o, mejor aún, tu siempre necesaria controversia.
Solemos creer que lo que diferencia a una relación romántica de una amistad es el grado de compromiso o, trágicamente, el nivel de posesión. Pero si partimos del principio fundamental de que todo amor verdadero es, en esencia, libertad y deseo de que el otro florezca, ¿qué separa entonces a la amistad del romance?
He llegado a la conclusión de que la diferencia no está en cuánto amamos, sino en el arte de ese amor. La relación romántica, por más libre que sea, implica la voluntad de entrelazar dos vidas para construir un proyecto futuro; requiere alinear los caminos en uno solo.
En nuestra relación de amistad, en cambio, habitamos la inmensa libertad del presente. No te exijo un proyecto, ni tú me pides un destino compartido. El espacio y el tiempo no se negocian ni se estructuran; simplemente fluyen. Es una relación en la que converge el gusto genuino por el momento: hablar, caminar, escapar, abrazarnos, leer, especular, reírnos del mundo. Aquí entregas tu tiempo porque quieres, sin el condicionante de tener que sostener un futuro. No has cedido tu libertad; la compartes, la disfrutas y no esperas un retorno.
Racionalizar esto, en días en que la mente navega entre la intensidad de lo que sentimos y la paz de lo que somos y queremos, me permite ver las cosas con claridad. Y se hace necesario manifestarlo como un acto de honestidad frente a ti, mi colaboradora en el pensar y en el ser; la cómplice perfecta para enfrentar este mundo.
Los besos, las caricias, el sexo… son impulsos hermosos y naturales de nuestras sensaciones; nuestra libertad radica en decidir qué hacer con ellos. Comprendo y honro el espacio de solitud que habitas en este momento. Por eso, me gustaría invitarte a que compartamos solo aquello que fluya de manera natural y nos brinde paz, cuidando que nuestros impulsos sean un regalo del aquí y el ahora, y no la expectativa de un proyecto que altere la tranquilidad de lo que somos.
Porque en esta relación, indudablemente, hay amor.
En este espacio que hemos creado, lo primordial será el encuentro de nuestras manos cuando necesites apoyo; los brazos dispuestos cuando busques la voz tranquila de un abrazo; y la mutua presencia cuando deseemos compartir los silencios y las soledades.
Seremos tan libres que podremos ser, simplemente, quienes somos. Estaré presente para recibir con todo agrado lo que me quieras dar, y para ofrecerte lo que soy capaz de compartir. Y es precisamente desde esta libertad absoluta, sin exigencias, sin posesiones y sin proyectos, que puedo decirte la única verdad que importa: Te amo.


Explora todos los rincones y anímate a dejar un comentario