De la serie: Diálogos sobre la existencia, Capítulo II

Ana: Lo que más resuena y me genera mucha angustia, ansiedad y estrés es… dejar que las cosas simplemente sucedan. ¡Cómo carajos se hace eso!

Jerome: Se trata de aceptar la realidad. Está ligado a nuestro primer diálogo: somos tan solo una pequeña pieza del cosmos; somos parte de un universo en infinito movimiento.

Bajo la ley del karma —la ley de causa y efecto— lo que haces o dejes de hacer tiene consecuencias, que a su vez se convierten en causas de nuevos efectos. El problema es que solemos quejarnos de las consecuencias, pero nos cuesta asumir la responsabilidad de las causas.

Por eso, todo lo que te ocurre es el resultado de tus acciones. Incluso aquello que crees que no mereces requiere que aceptes tu responsabilidad. Al final, son tus pensamientos los que generan el sufrimiento. Si actúas de una forma que produce ciertos resultados, debes ser consciente de las semillas que plantaste.

En cambio, actuar con amor y observar a los demás con compasión, aceptando que son diferentes a mí, genera bienestar. Emitir juicios, criticar, atacar o aferrarme a creer que «yo tengo la razón», sólo me genera desconcierto y tristeza. Si me dejo llevar por eso, termino realizando acciones que me causan dolor al generar malestar en otras personas. Es un círculo vicioso.

Ana: ¿Y si yo doy amor y recibo ataques?

Jerome: Si actúas con amor y compasión, recibes amor y compasión; si actúas con juicio e irrespeto, ¿qué esperas recibir? Ahora bien, si los demás te atacan sin causa aparente, obsérvalos con compasión y piensa: «Esa persona debe tener sus propios problemas; yo no controlo sus acciones y, por lo tanto, no dejaré que me afecten».

El conflicto nunca es lo que sucede, sino el pensamiento que se genera en ti por aquello que sucede. Debemos entender algo vital: Todos los pensamientos son ilusorios. No están hechos de realidad. Cuando creemos que nuestros pensamientos son «la realidad», es cuando nacen las emociones que nos desbordan.

Se requiere, entonces, observar, cuestionar y transformar lo que pensamos. Lo que crees es lo que creas. Lo que pasa en tu vida no es más que un reflejo de tu mente; por eso es necesario cambiar lo que proyectas en tu diario vivir.

Debemos dejar de pelear con la realidad y aceptar uno de los principios más naturales del universo: la Impermanencia: Todo fluye, todo pasa, nada es estático. La realidad se mueve, pero se diferencia de las historias que nos contamos para interpretarla. Lo que sucedió es lo que es, y no lo que «debería» haber sucedido.

¿Por qué no amar lo que nos sucede? Algunas veces serán situaciones que te den alegría y satisfacción, y otras serán circunstancias que te entristezcan o te desafíen. Pero, pase lo que pase, abrázalas. Acéptalas. Siempre habrá un aprendizaje y siempre, absolutamente siempre, habrá alternativas.


Sigue este diálogo en Cuestionar los pensamientos, de la serie: Diálogos sobre la existencia, Capítulo III


Nota: Gran parte de estas reflexiones son notas y pensamientos inspirados en enseñanzas del maestro budista Khenpo Tsering y del conferencista Borja Vilaseca.


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