Gracias

por decir lo que la razón dicta

y guardar lo que el alma calla,

por quedarte donde el pie se aferra

y huir cuando el cuerpo desmaya .

Por el silencio que es refugio,

por la voz que no fue grito

por amar cuando el gozo es tuyo

y ser, cuando el cambio es rito.

Por escuchar la voz mansa y perdida

de un viajero al anochecer

cuando te pesa el cansancio del día

y es un fardo la cotidianidad del ser.

Por estar cuando no estás

por leerme en el vacío,

por el sordo desafío

de no oírme nunca más.

Por tu silenciosa ausencia,

que desata mi negra ansiedad

por la negación de tu conciencia

cuando sientes contrariedad.

Gracias por no amarme,

cuando el amor fue renuncia.

No me amas: amas mi sombra, 

amas el ser que no habita, 

y en esa ausencia, mi locura te nombra. 

No me amas, pues te veo llorar 

ante el paso que te escolta;

no sabes si vienes o vas,

si con la alegría o el triste andar.

Soy la sombra de un paso perdido

en un rumbo que ya no es mío;

esta pausa es el único nido

donde el sentido vence al vacío

en esta honesta meditación.

Ramas de un pensar inconcluso

choque de mareas extrañas,

tu cuerpo es el templo intruso

que otra mirada acompaña.

Mi presencia, ya adolecida,

se busca en el vidrio de un espejo

reflejando en los ojos su triste herida

y en las gotas caídas de recuerdos ajenos.

Amor cumplido e incontrolado

Amor en control, muerto, inacabado

Amor sublime, en fosa y dolor

Amor infinito que aún recuerda.

Amor entregado. Amor presente.

Amor, en suma: lo que soy y lo que otorgo.

Maravillosa existencia,

surreal por fin, y cierta,

con el alma ya presente

y la memoria despierta.

Mi vida en tu vida se vuelve pasado

soltando tu piel en ajenas manos,

celebro el rastro que hoy has iniciado

en un nuevo cuerpo, por ti explorado.



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