Sucedió hace años, en una calle cualquiera. Noche de luna blanca, incandescente y eléctrica. Mi teléfono vibra: un mensaje inesperado rompe el silencio. ¿Mi reacción? Ignorar el camino y perderme en el juego de las palabras:

Penélope: ¿Cuándo coincidimos?

Yo: Cuando el viento del deseo sople las velas de mi navío, y el deseo de tu figura desee recibirlo plenamente

Penélope: Varias lunas para ello 

Yo: Por la distancia, casi travesía homérica debo culminar para tu encuentro

Penélope: No es tan homérica 

Yo: ¡Cuántos monstruos, dioses y armas debo evadir! Es una empresa inimaginable, ante los ojos del anodino. Camino con mi arco, mi escudo y mi espada, defendiéndome a diario de aquello que desconozco, porque mi vida toma sentido cuando por sus tierras solo paso; camino necesario para un nuevo comienzo.

Penélope: Si solo pasas… No la notas… No la disfrutas… No la batallas. Así tus armas sólo te pesan y de nada sirven.

Yo: En efecto, es la empresa en la que me embarco, tratando de encontrarle sentido; siendo consciente que el sentido de mi navegar, se desprende de cosas inimaginables para este espacio. Aunque mis armas puedan servir para construir, con toda creatividad, nuevos caminos para ganar de manera diferente las batallas. Me has hecho pensar en algo… 

Penélope: Dime 

Yo: Bella Penélope de mi vida: tus profundas interpretaciones a mis escritos, siempre me llevan a reflejar que aquello que soy se refleja en la expresión creativa de mi emotividad, ¡y no sólo en el dejar pasar!

Penélope: Con ganas de una recompensa por este duro y aplicado día de trabajo. Pero mi recompensa está lejos, siendo presa de sus más profundas reflexiones existenciales.

Yo: En este instante mis deseos de acariciarte, acompañan las reflexiones existenciales de este loco ser. Imagino al mismo tiempo cómo mis manos describen con suavidad gradual y con fuerza intensa cada parte de tu cuerpo, relajando aquellos músculos que te aquejan en dolor, y sintiendo con mis labios la suavidad de tu piel. Tu olor me permite dibujar con mis ojos cerrados el bello paisaje de tu cuerpo desnudo. Y mi cuerpo es ahora presa del tuyo, otorgando todo mi ser para que, ante el acto, seas la dueña de los movimientos que nos generan total placer.

Penélope: De tí me excita tu firmeza, tu dureza, y esa ternura que, sin necesidad de tener algo íntimamente formal, dejas salir o, por lo menos, dejas percibir. Me incitas a serlo, me excitas al desprenderme… ¿Te confieso algo?

Yo: Dime… fuente liberadora de un alma que pareciera encadenada; dime, fuerza que me motiva ante cada acto de deseo…

Fin del mensaje.

Silencio.



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