Sentí un amor inmenso. Infinito. Un amor tan grande que se extrapola a mi cuerpo. Que no es de nadie. Tampoco es mío. Es un amor que pertenece al universo. Es un amor que encuentra en mí un canal para manifestarlo, otorgarlo y sentirlo. Un amor que me ha permitido escribir. Expresar. Decidir. Volar. 

Vuelo. Vuelo sin ser. Vuelo sin estar. Vuelo con la conciencia que estoy en este mundo para liberarme, no para identificarme, con nada, con nadie. Vuelo en este mundo para no apegarme.

Mi mente es tan solo un instrumento para aprender y compartir. Mi mente es tan solo un instrumento para escuchar y comprender; no para impartir, ni imponer. Mi mente es tan solo un instrumento de la felicidad. 

Soy un ser que se encuentra en este mundo. En este espacio-tiempo con sentido. Abierto a recibir. Dispuesto a dar. No con la intención de querer esto, aquello, a ella o a él, o lo otro. Solamente con el sentido de amar. No quiero pertenecer. Solamente amar. Doy libertad y aprendo de la libertad. 

Te amo, es una expresión. Una manifestación de complicidad y correspondencia. Por ello Amamos. Nos amamos porque somos los seres que hemos otorgado la energía de crecimiento. No con el fin de aferrarnos, sino con el sentido de liberarnos. 

Soy  libertad. Soy amor. Y agradezco cada instante que me he permitido compartir y aprender de la libertad en este universo. 

Y si queremos aún compartir nuestros crecimientos, conocimientos y aprendizajes en este espacio-tiempo de la existencia, y acompañarnos en este camino de libertad, bienvenida la decisión de estar, en total contemplación, compasión y amor. Bienvenido el ser que quiere compartir y bienvenido el ser que no quiere hacerlo. Estoy para aprender. Estoy para mejorar. Crecer. Soy tan solo un instante en el tiempo. Soy tan solo una partícula en el espacio. 


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