De la serie: Diario del Silencio.

Capítulo III.

La breve relación entre la metáfora, la descripción y el concepto del amor como discurso, nos remite a tratar de darle una explicación a lo que recorre por el cuerpo: y no solamente al momento de las meditaciones y los sueños, sino también en cada paso del segundero, que no podemos dejar de ver, desde que se aparecen las sensaciones corporales que condicionan en esos momentos nuestra cotidianidad.

Son tantos instantes durante el día, cuando la sombra de los recuerdos, de las palabras, de las caricias, invaden el cuerpo,  que todos esos razonamientos y emociones se quedan cortos con un simple “Te Amo”. Y no me vengan con un “Te quiero”: ¿Por qué se reduce la expresión espiritual de la vida a una palabra de posesión como si existiesen unas cadenas imaginarias a algo que, de por sí, es libertad?

Pero entonces, si un “Te Amo” no es suficiente, ¿pueden expresarse, de una vez por todas,  a partir de las sensación del cuerpo, las frases-discursos que conocemos y que hemos aprendido durante nuestra existencia, cuando el recuerdo de la vida que lo genera se traduce en corrientes incontrolables e indescriptibles en las manos, vibraciones en el vientre o súbitos temblores en las piernas?

Recuerdos de diferentes espacios compartidos, de instantes de presencia. Memorias, cuando las manos emiten tanta electricidad cuyo control parece escaparse; sonidos como música tranquilizante de las palabras; caricias de los labios que se encuentran y miradas que se cruzan con deseo y ternura; manifestación de deseo enarbolado al punto de la excitación. Al final, todas son aquellas manifestaciones del cuerpo que inundan de calor el espacio que compartimos en diferentes momentos. 

Cuando sentimos y recordamos cada instante con el otro, sentimos su energía, su recuerdo invadiendo nuestra memoria y nuestros sueños; sentimos el pensamiento en cada paso en solitario, ante la flagrante ausencia en el presente que hoy aguarda silencio.

Por ello, un “Te Amo” se queda corto para expresar lo que el cuerpo desea gritar. 



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