De la serie: Diario del Silencio.
Capítulo I.
Cuánto quisiéramos entender los movimientos del cuerpo. Aquello que mueve y se remueve. Aquello que se siente como un hilo interconectado entre la cabeza, el corazón y el vientre, y todos los centros energéticos que, entre meditaciones y sueños, nos llevan siempre a la sensación de la presencia-ausencia.
Si nos remitimos a las incontables elucubraciones de estos movimientos, en diversos libros de literatura, ciencia y filosofía -sin querer decir, ni mucho menos, que tenemos un conocimiento profundo de todas las publicaciones, y quizás más una mirada reducida de todo lo escrito-, encontramos cierta regularidad y unicidad en la explicación y, en ocasiones, vaga descripción, de tales acontecimientos corporales:
Que son como libélulas y mariposas revoloteando dentro de tu vientre, queriendo liberarse cruzando por tu corazón, e invaden tu cabeza como queriendo explotar, y llenar el universo para que, luego de largo vuelo, logren resguardarse en aquello que tanto les atrae.
Que son neurotrasmisores conectados entre tu cerebro y los órganos del cuerpo, cuyo reflejo puede describirse desde un leve dolor de estómago, cierto temblor del cuerpo, aumento de palpitaciones del corazón, y otro tantos movimientos de cabeza, como si entre el mareo y el vértigo perdiera la estabilidad necesaria para mantenerse en pie.
Que mediante un discurso expresas aquellos razonamientos que envuelven tu espíritu, y buscas hacer comprender a la otra persona las sensaciones del cuerpo, cuando aprendizajes, conocimientos y personas llenan tu pensamiento, como conexiones entre materia y energía. Y si no logras hacerte comprender, por lo menos, te expresas de tal manera y compartes tu experiencia, que liberas de tu alma tal pensamiento agobiante. El conocimiento te otorga libertad.
Si encontrásemos rasgos similares entre las descripciones metafóricas de la literatura, las explicaciones físicas de la ciencia y los razonamientos metafísicos y complejos de la filosofía; podríamos comprender que todo sentir nos lleva a encontrarnos con los infinitos discursos sobre el Amor.


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