Fantasía de tus alas es el complemento perfecto del paisaje que me rodea: tus movimientos iluminan como enjambre de luciérnagas, y como relámpagos indescriptibles acompañan el fulgor de la luna de esta increíble noche. 

El rastro brillante de tus revoloteos iluminan ahora mi caminar, y la transformación corpórea que aparece en mi camino es pura fantasía que adorna desde ahora mi recuerdo. 

Surgiste como numen de la transparencia que acaricia, a veces con suave ritmo, en ocasiones con estrepitosa fuerza, la historia de millones de años que se forma en piedra, y la magia de tu voz es música que acompaña el aliento de mi existencia.

De repente, una corta caricia. Mi sonrisa describe el encanto del instante y, maravillado por tal encuentro, corro tras de ti. 

Y tus alas juguetonas me llevan a lugares que mi imaginación puede hacerme recordar. 

¿Cómo poder apreciar tus ojos si no es a través de un vivo recuerdo? -digo entre el silencio – ¿Acaso tu voz no es el mágico sonido que me acompaña entre el espeso bosque que aquí recorro? ¿No es la magia de tu belleza el fulgor necesario para iluminar la totalidad de mi camino?

Me sonríes de repente y, acompañada por una tierna caricia de tu mano, advirtiéndome con tu mirada un pronto reencuentro, retomas tu forma encantada, te escondes entre los árboles y mi camino ahora está iluminado gracias al inextinguible fulgor del rastro de tu vuelo. 

Ahora mis ojos despiertos, advierten el nombre de la Náyade que recorrió conmigo ese bosque en medio del valle infinito, que iluminó mi camino para explorar nuevos paisajes.



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