Quizás por su belleza sonora y aún más por el significado que envuelve, la palabra resiliencia ha invadido mis pensamientos en los últimos días. Y su presencia en mi mente no se remite a más sino a la pregunta ¿cuál o cuáles son los eventos adversos que han transformado mis formas de sentir, pensar y actuar?

Pensar en mi vida separadamente de un contexto, pretende un reto que solamente es posible en la exposición analítica de las realidades que describen mi existencia, pero que, al reconocer la complejidad de lo que soy, me remite a expresar que todo aquello que recibo del mundo en cada paso, es la afirmación que mi diferencia describe mi existencia, lleno de vulnerabilidades y aprendizajes que colman a diario el camino de la sabiduría. 

Separarse es por tanto una imposibilidad. Pensar en ello simplemente genera desequilibrio. Por lo tanto, caminar en coherencia con cada ámbito de la vida se convierte en la mejor forma de enfrentarlo. Pero, ¿qué es aquello que permite caminar a pesar de las adversidades que se presentan en cada ámbito de la vida? ¿Cómo vivir en un espacio de relativa felicidad y tranquilidad y que el ambiente no te afecte a pesar de las circunstancias? 

Cuando me remito a la primera pregunta acerca de los eventos adversos que ponen a prueba mi capacidad de resiliencia, recuerdo que esos eventos son parte de la historia y que, como tal, no puedo cambiarlos. Por lo demás, aquí estoy, aprendiendo de mi resiliencia.



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