La verdad duele más que vivir en la mentira ¿Por qué? Si se es sincero, acaso, ¿no es mejor para la otra persona? ¿Acaso se pueden negar los hechos evidentes? Alejamiento, compañía, planes dispares, no sexo. Aunque con apoyo y admiración mutua, ¿hay amor de entrega? Eso ya ha concluido. Solo está el amor de libertad: La sinceridad. La honestidad ante los sentimientos que conquistan el diario dormir. La necesidad de querer respirar.
Llega la incomodidad. Como si lo que se dice no es algo que se esperara. O por lo menos no tan pronto. Es una sensación extraña. Es como liberar algo que carcomía, que libera de un peso. Sin embargo, pareciera que se carga de otro: mayor alejamiento, incomodidad, energía de tristeza y nostalgia en el ambiente. Pero ¿Por qué tristeza? ¿Acaso no piden sinceridad? ¿Acaso no es mejor así y no después cometer acciones que en verdad sí son dolorosas?
Al parecer, pensamos que se nos encargara de llenar a las personas de comodidad, y cuando de repente nos cansamos, es un golpe que nadie espera. Empero, ¿tenemos alguna obligación para mantenernos allí? Nadie ha dicho que estar con alguien es sentir una sensación de encarcelamiento. Y si se siente de repente, es necesario huir. ¿Por qué no huir?
Huye,
Huye que los mundos están esperándote
Huye que los sonidos del universo te acogen
Huye que las energías infinitas de los inconmensurables universos te esperan.
No se es unívoco. No es posible serlo. La aventura de vivir está en la experimentación constante de nuevos y diversos mundos, nuevas experiencias, nuevas emociones, nuevas razones. Las emociones son manifestaciones cerebrales que te liberan cierta sensación de libertad estacionaria. Sin embargo, cuando lo que parecía ser libertad se torna en simple costumbre y alejamiento de lo propio divino y de lo espectacular de la existencia. Ahora, la llama de las alas buscan volar sin detenimiento, dejando atrás las cenizas de las cadenas que pretendían doblegar.
Es la historia de un dragón que una vez liberado, buscó un nuevo castillo. Bueno, no buscó. Lo Encontró. Tuvo sentido hasta donde el oxígeno pudo llegar al cuerpo, que desea ser siempre libre. El cuerpo no es de nadie. El alma no es de nadie. La propiedad se desfigura cuando las ganas de recibir nuevo oxígeno se incorporan en el dragón encadenado. Ya no es de nadie. Ni si quiera de él mismo. Simple y llanamente, es hora de volar. Simplemente experimentar nuevos mundos sin arrepentimiento, sin la necedad de rendir pleitesía. Es no ser, conociendo nuevos mundos, nuevos universos.
No ser de… No ser para… Se trata de respirar. Sólo eso. Respirar.


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