Para Es
Te he visto. ¡Es loco sentir! No dejar de verte mientras me hablas y te hablo, olerte en cada abrazo: Confesión hecha y manifestación necesaria de nuestro coincidir. Cuando dijiste que pensabas en mi, has sido completamente correspondida. Es indescriptible, indescifrable y se siente completamente. Sentir. Sentir.
¿Qué hacer ante este momento, en que tu figura se desea no solo desde la ausencia, sino que sea presa de toda sensación, física, palpable, y conversación realizable? Escucharte. Verte. Verte, esa sensación en que mis ojos se quieren perder en los tuyos, esa sensación en la que en cada abrazo mi figura no quiere desprenderse de ti. ¿Acaso no es evidente? No puedo negártelo. No puedo negármelo.
Es alegrarme cuando me escribes, sonreír cuando te escucho, no saber que hacer cuando frente a ti me encuentro, deseando que se detenga el tiempo para seguir ahí: Callando cuando hablas, hablar cuando callas, escuchar tus historias, crear otras, ver paisajes, quizás realizables, acaso ilusiones…
No importa, es estar, sentir. Locura innegable. Sensación inevitable de tu presencia en mi vida.
-«¡Que sea, Que fluya!»- has dicho. Y me pregunto, en cada momento ¿Qué sentirás? ¿Acaso soy muy evidente al confesarte mi sentir? ¿Será que con tanta palabra y confesión, en lugar de acercar, genero un tipo de huida antes que un deseo de mutuo conocer?
Y ante mis preguntas, me respondes -«¿Y qué piensas de mi? ¿Qué respuesta tienes de aquello que preguntas?»-
Y, con ilusión, no dudo en contestar: Siento que me sientes, que me piensas. Siento tu gusto por estar conmigo, como yo. Que te parece increíble, como yo. Y aunque pueda estar observando desde mi ilusión, sin embargo, lo siento. Creo que no es ilusión.
Y ello, además del pensamiento que anima, al mismo tiempo llama a fluir, y con voz interna me confieso: «Siente lo que estás sintiendo. No lo niegues. Simplemente manifiéstalo. Que si ella lo acepta, maravillosa se siente la existencia; y si no lo hace, por lo menos sabrá que hay una persona, un loco entreverado, que no puede dejar de pensar en las sensaciones que ella genera.»
¿Qué hacer ante esta loca existencia? Desde el primer día en que te vi, que te escuché, que te vi por el retrovisor, que me enteré que ya tus sentimientos estaban envueltos en otra persona, no podía más sino verte desde la distancia, no podía más sino mantener un deseo de buscar un contacto contigo.
Y al final decidí, después de varios días, cuando te identifiqué en aquella red social, aun ante la duda para enviarte la invitación, presentarme ante ti. Era como una sensación de miedo, pero no para enfrentarte, quizás fue por la inefable distancia obligada de presentarme, aun con el riesgo del silencio.
Y cuando me confiesas que «es delicioso cada palabra», no dudo en manifestar: Si no escribo lo que siento, me enloqueceré un poco más. ¡Y quién mejor que me lea que aquella persona que se ha convertido el numen de estas sentidas palabras!
Brújula que fluye «Que aparece y desaparece…»
Brújula que fluye, que te lleva a un sentido,
¡Magia! indescriptible, pero sensible.
Cuando sientes que todo has perdido,
Aparece la creación:
Lo simbólico y lo descriptible.


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